LA IMPORTANCIA DE CONTRATAR UN GUÍA

Habían cometido la mayor estupidez que hasta la fecha de hoy había visto en un río.

Corría el mes de Noviembre y nos aproximábamos al frio, debido también a  la pandemia que sufríamos, (año 2020) no pudimos facturar un solo euro en ese mes. Cuando de repente sonó el teléfono.

– Hola queríamos contratar una actividad de river SUP para 7 personas para mañana.

–Mañana va a hacer mucho frío dan 5 grados y 35 km. Hora de viento. La sensación térmica. Me interrumpió.

– No importa estamos acostumbrados, pero queríamos alquilar las tablas sin contratar un guía.

– Mira nosotros… volvió a interrumpirme-  ya conocemos la actividad bajamos unas cuantas  veces  y  tenemos experiencia, somos amigos de “fulanito”.

-“fulanito” es un amigo mio muy curtido en aventuras de todo tipo.

– Somos barranquistas, escaladores y surferos.

La verdad es que con ese panorama, no me apetecía, para nada, bajar el río, el tramo elegido por ellos es bastante fácil y es el más concurrido del Cabriel. Aunque no me gusta alquilar el material, dude un poco, pero al final accedí. “maldito parné”

Al día siguiente llegaron a la base de kalahari y les pinté el día un poco mal. Les dije: sí querían  bajar otro día que hiciera bueno, pero no, estaban decididos. – Sois conscientes que si os saltáis el desembarque corréis peligro de muerte por hipotermia. Si, si,  no te preocupes,  lo tenemos controlado. De esa frase tenía que haber sospechado.

Cargamos el material en sus vehículos y les facilité unos chubasqueros cortavientos, que no estaban incluidos.

Puedes indicarnos en el móvil el recorrido, -¡Uy! ¿Pero no habías bajado ya?, -si era un tramo de más arriba. Bueno me tranquilizó pues el tramo de arriba es el tramo fuerte.

-Mirad yo os voy a dar un mapa, donde lo tenéis todo bien explicado. –No, preferimos el GPS.

– Ya, aun así llevároslo. Me mostraron el teléfono donde aparecía el río y les indique el punto de embarque y de desembarque.  – Pero no me fio, llevaros el mapa, os lo regalo.

-Recordad que el día dura poco, a las  5 debéis haber acabado.

No fueron pocas las advertencias que les di, aun así no fueron suficientes

A las 17, 45 recibo una llamada, pensé que venían a devolverme el material.

– Zapa, estamos en un pueblo que se llama Cilanco, ¿puedes venir a por nosotros?

– ¡Cojones! Fue mi primera expresión. -¿Qué hacéis ahí? si estáis  a 30 km. Más abajo de donde deberíais estar.

– No encontramos la salida, habíamos tomado de referencia una roca cuadrada en el desembarque y no la hemos encontrado. Menos mal que hemos visto un señor y le hemos preguntado y nos ha llevado a su casa, donde ha encendido un fuego, estábamos helados.

– No lo entiendo, habéis pasado incluso por una población Villatoya y no os habéis dado cuenta.  Pues buscaros la vida, ya os advertí. Menos mal que habéis encontrado a esa persona sino os metéis en la noche y la siguiente población está a más de 15 km, hubierais muerto de hipotermia seguro.

– ¿Puedes venir a por nosotros? – Que os lleve ese señor a por vuestro coche, yo tengo cosas que hacer. – Es que a este señor le falta una pierna y conduce a duras penas.

– ¡Coño!Bueno iré, pero os voy a cobrar el rescate y además tengo que pasar a otra de región, (Castilla-la mancha) tendré que saltarme el confinamiento perimetral.

– Si lo que haga falta.

No daba crédito, como se podían haber saltado el desembarque con lo que les insistí en ello. Llegué al tiempo y allí estaban todos alrededor de la estufa en traje de neopreno. Calentándose a costa del hombre, al que le faltaba una pierna.

-Pues menos mal que me han visto sino se hubieran metido en un gran lio, se expresaba el hombre, en su humilde casa.  – Ni que lo diga se les ha aparecido un Ángel.- Cojo, matizo él.  Algunas de las chicas estaban indignadas con el chico organizador y voz cantante, ahora era todo reclamaciones y reproches, cuando hacía unas horas presumían de gente curtida y sobrada.

A la vuelta hacia sus coches  les pregunté donde habían dejado el coche. Ellos me decían que había como una nave pintada de blanco. No me sonaba que en el desembarque hubiera nada. No me cuadraba. Al rato de pensar y pensar mientras conducía imaginé lo que había pasado, y así fue.

Los muy…pijos por llamarles de alguna forma, habían cometido la mayor estupidez que hasta la fecha de hoy había visto en un río. Siguiendo el GPS habían ido al desembarque, creyendo que era el lugar donde se embarcaba. Se habían cambiado, puesto los neoprenos y subieron el coche con la ropa seca, dejando el vehículo en el lugar donde se embarca habitualmente, pensando que allí se  acababa el tramo. Se  fijaron en una piedra cuadrada y volvieron al principio, que en realidad era el final. Habían conseguido hacer el transbordo al revés, con razón no encontraban la piedra cuadrada pues esta se encontraba aguas arriba donde jamás llegarían nunca. Estas son las cosas que pasan por no escuchar y fiarse más en la pantalla de un móvil que en las cosas que le dicen a uno. En un móvil no ves la dirección de las aguas del río. Tampoco ellos se habían dado cuenta de que el camino subía hacia arriba en contra de la dirección de la corriente. Si hubieran utilizado el método analógico de toda la vida. El mapa que les había proporcionado, no hubieran cometido ese error que casi les podía haber costado la vida y que gracias al cojo la habían salvado in extremis.

Pues ni me pagaron el rescate, ni me lo agradecieron y para más inri me perdieron un chaleco, dos chubasqueros y unos escarpines viejos. MORALEJA no volver a alquilar material a sobrados en la materia, pues dime de que presumes y te diré de que careces. Lo que más me fastidia  de su actitud es que ni siquiera fueron conscientes del peligro que habían corrido, ni la suerte que habían tenido, encontrando a ese hombre al que quizás y después de verles actuar, si hubiera sido al revés, no hubieran ayudado. Demostraron ser unos niñatos, ingratos y mal criados.

Un aprendizaje más santo Tomás.

 

 

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