Un Erasmus rural

Hace poco me invitaron la universidad para participar en una mesa redonda sobre la innovación turística en la España rural, auspiciada por la catedra de participación ciudadana y paisaje. “Imagino que me invitaron por mi carácter innovador y emprendedor”. En la mesa nos encontrábamos el catedrático y organizador Emilio Iranzo, dos catedráticos más y lalalá una empresa de potenciación de marcas vinculadas al desarrollo rural. Es indudable del deterioro progresivo de los pueblos del interior de España y el agónico despoblamiento que ellos padecen.  ¿Cómo frenar y revertir esa situación?. Mi propuesta fue sobre turismo y como solo con soluciones imaginativas se puede atraer la gente al mundo rural para generar riqueza y un posible asentamiento. Comparé las experiencias adquiridas sobre mi vida viajera y el turismo clásico interior. Como países recientes buscan un pretexto original para ser visitados. Al parecer  bajo la creencia en España del que no tiene un núcleo histórico, un castillo o un paraje natural de relevancia ya no puedes atraer turismo. Cuando cualquier excusa trabajada es suficiente como para hacer venir al viajero. Sí, inventado, no hace falta tener más de 300 años. Eso sí, debe de ser original y no copiar a otros modelos existentes. Porque si haces lo mismo que los demás lo más probablemente es que te abras hueco atreves de los precios. (Ruina para todos) Mi propuesta es sencilla haz algo diferente, algo que sea suficientemente motivante como para atraer al público, algo que sirva para hacerte un selfie o una foto para subir a las redes, este será el auténtico reclamo para  crear la necesidad de ser visitado. La tematización de los pueblos funcionan. Los ejemplos de Fanzara o el pueblo de los pitufos son realidades constatables.

También puestos a ser imaginativos, propuse una mili rural, más bien un erasmus rural, donde  ofrecer a la gente urbana de una edad concreta poder disfrutar un año de la experiencia  de vivir en un pueblo. Poder comprobar in situ las virtudes y defectos de una vida más próxima al mundo natural. Una renaturalización de la juventud, una vivencia empírica al sentir como transcurre el tiempo y con ello las estaciones, de cómo poder hacer una vida al margen del estrés que crea la urbe y la competencia desbocada.

No es un año en balde sino que se puede comparar con a un master o un año de estudios, donde se adquieren ciertos valores y conocimientos que no habitan en otros lugares, donde debes de inventar tu ocio, la convivencia, el frio, el calor, las necesidades básicas  donde aprender a desenvolverse uno el  día a día en un ambiente más pausado, más humano, donde se potencia la emancipación.

No deja de ser una lástima privar a la población urbana de la experiencia enriquecedora que supone vivir en un pueblo o al menos poder comprobarlo. Con un erasmus rural  llenaríamos de savia nueva los pueblos, se dispondría de habitantes jóvenes y dinámicos que repueblen durante un tiempo el maltrecho campo. Probablemente mucha gente descubriría que se vive mejor en un pueblo y decida instalarse, hasta que poco a poco esta experiencia se convierta en un tapón más en el frasco vacío de la España rural.  No es fácil repoblar los pueblos pero con pequeñas medidas que apenas cuajen no dejara de parchearse ese problema, se necesita de un gran plan de acercamiento de los jóvenes al pueblo o que al menos lo conozcan.

Hoy en día con los avances tecnológicos puedes instalarte en el lugar que desees, solo necesitas una fibra óptica y ganas de cambiar el mundo.

Ahora solo se necesita el apoyo de ayuntamientos y gobierno central para poder llevar acabo un mega proyecto así, ya que lo demás serán paños de agua caliente sin solución de continuidad.

ZAPA

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