Nueva experiencia Kalahari
Ya han llegado sanos y salvos nuestros amigos del viaje Thailandia y Nepal Kalahari 2010.
Parece que han disfrutado mucho y nos lo demuestran enviándonos sus impresiones.
Con permiso de nuestro nuevo miembro de la familia Kalahari, Francisco, colgamos el siguiente texto tal cual nos lo envió, no sin antes agradecerle sus palabras.
Esperamos verle pronto.
Querido Zapa:
Nos pediste que te mandáramos, en algunas letras, nuestra impresión sobre el viaje.
He tardado varias jornadas en poder hacer este ejercicio, lo confieso; han sido unos días tan intensos que aún ahora sigo tocado.
Cada viaje, por muy corto que sea su recorrido, es una aventura. Una aventura que te entrega, que te enseña, que te abre los ojos y la mente… y, a la vez, te atrapa, te seduce, te roba y cambia tu percepción sobre aquello que te rodea. Cada viaje, en mayor o menor medida; al menos eso me ha sucedido a mi en cada una de las grandes y pequeñas aventuras que he podido realizar.
Concretamente, en esta, empezaré dándote las gracias.
Gracias por haber sido el guía, por tu saber estar, por tu sentido del humor, por tu comprensión…
Gracias por ser como eres.Para que te hagas una idea de la impresión que tengo sobre este viaje, te diré que…
Hay algo de mi recorriendo las calles y los rincones de Kao San Road, el Mercado Flotante, el Palacio Real, Lumpini park, las aguas de Chao Phraya, etc…
Aún, si cierro los ojos, siento la textura de sus blancas arenas, el olor a mar y el sonido de las palmeras mecerse con el viento en la maravillosa isla de Koh Tao.
Pero, sobre todo, Nepal. Nepal se ha llevado una gran parte de mi y… me ha dado tanto. Ni te lo imaginas.
Kathmandú, la ciudad de los extremos, o la amas o la odias, la de la vida y la muerte. Donde convive la crudeza de la muerte en Pasuk Patinak, la espiritualidad en Boudhanat (ojos de Buda), el caos de una ciudad descontrolada, la majestuosidad de sus templos y sus estupas, la simpatía y la mirada penetrante de sus gentes, etc…Bhaktapur, un pedazo de historia de obligada visita que te transporta a épocas mágicas del pasado.
En el Trisuli Khola casi me dejo la vida… jejeje pero él me devolvió unas ganas locas de vivir aventuras.
En Chitwan me sentí tan cerca de la naturaleza que me encantaría ser el Mowgli (un poco gordo y viejo, eso sí) de ese Libro de la Selva.Y qué te voy a decir de los días de trekking?… No tengo palabras. Aún se me saltan las lágrimas cuando recuerdo esa vista de las montañas. Eso es un espectáculo impagable. Único. Y le doy gracias a la vida por darme la oportunidad de haberlo podido contemplar, de haber sentido la grandeza del mundo y la insignificancia del ser humano.
Creo que es conveniente, alguna vez, hacer ese ejercicio de humildad.
Y eso se lo debo a la organización de esta aventura. Gracias.Gracias también a todos los que componían ese grupo, esa piña, empezando por ti, Zapa, y pasando por Hippie e Isa, continuando por los compañeros de Tarragona (Berta, Marta, Anna, Maite y Óscar), a todos por igual (aunque alguno más que otro me ha tocado el corazón)… y terminando por mi familia. Con ellos no me voy a extender (que podría parecer esto La Casa de la Pradera) pero sólo les diré que cada viaje, cada aventura, que emprendo con ellos me hacen sentir más orgulloso de la familia que tengo.
Muchísimas gracias.