Marruecos inspira misterio y hospitalidad en las mismas proporciones. ¿Cómo un país tan cercano puede trasladarnos tan lejos? Son muchos años dando a conocer este indómito territorio, donde nos reciben cada vez mejor, donde nos enseñan esas pequeñas cosas que antaño poseíamos y hoy tenemos olvidadas. Marruecos huele a 41 especias, a respeto a la sabiduría de los más mayores. Marruecos huele a mares encontrados, a plantas de kifi tamborileadas. Un mar nos divide y otro mar de dunas nos acoge  y envuelve en anhelos de poesía andalusí, de nostalgias de un pasado común e historias de sierras morenas y yerbas buenas. Pero, Marruecos también son brisas y risas. Un antídoto para la soledad. Cafés que miran al frente, mieles en forma de cuernos de gacela, miradas furtivas y abrazos de azahar. Nadie pasa indiferente al otro lado del estrecho, porque nadie olvida sus contrastes. Nosotros volvemos y tú si vienes volverás, porque Marruecos fideliza el sentimiento. Del 31 de agosto al 8 de septiembre ahí estaremos y tú si lo deseas también.

Solo andando se consigue detener el tiempo, decía un amigo. No sé, si es cierto o solo fue una frase grandilocuente más. Lo que si sé, es que cuantas más sensaciones y momentos extraordinarios pongas en tu vida, más grande será la percepción del tiempo. Todo bicho viviente cuando le llega la hora, siempre resalta lo mismo. Vive, en toda la extensión de la palabra, no te arrepientas de nada y si te tienes que arrepentir de algo es de lo que no hiciste. Viajar es sinónimo de vivir, cuando los ojos se recrean en un mismo paisaje durante largo tiempo o se consumen las horas o se reflexiona hacia dentro en un ejercicio de traslación corpórea que va más allá del ensimismamiento y al alcance de muy pocos.  Viajar no es poner km. de por medio, es tener la capacidad de volar, de poner todos tus sentidos al servicio de la imaginación. Se puede viajar en autobús o en libros, ambos vehículos te llevaran al mismo tiempo y al mismo lugar. El libro te proporcionará ese estado de ingravidez donde el físico no sufrirá daño alguno, el autobús te exige intemperie y la exposición de la piel. En uno soñaras y en el otro dispondrás de sexo permanente. Ambos te recubrirán de una capa de oro, aunque algunos, los menos, los más estridentes te dirán que vas desnudo. Que vamos hacer si no tienen valor y la cobardía les da sus justificaciones. Pero los que nos subimos al carro de la incertidumbre rentabilizaremos nuestra estancia en la tierra, por eso los dioses hicieron la tierra redonda para que fuera infinita y solo concluyeras tu viaje con el último suspiro.

Antonio Robledo ZAPA