Este verano ando sumergido en dos viajes a la vez. Uno es: navegando con Magallanes, dando la vuelta al mundo. Viajando en su biografía y en las letras de un fascinante libro del alemán Estefan Sweig.

Y el otro es:  la travesía del océano Pacifico en tabla de paddel  surf en solitario. Mi amigo Antonio de la Rosa en estos momentos  se encuentra en medio del pacifico intentando llegar a la otra orilla. Lo conozco de aventuras por los ríos. Le gusta practicar el river SUP también.

Aunque no es lo mismo, ni el mismo contexto les encuentro cierto símiles épicos de conquistar lo conquistable.

Este año se celebra el 500 aniversario de la vuelta al mundo, un viaje que sirvió principalmente para demostrar que la tierra era esférica. Es apasionante la vida de este genial marino ¿cómo logro convencer al rey de España para sufragar esa gran empresa que proponía un renegado portugués?

Antonio de la Rosa tiene nombre de navegante. De navegante de interior, su origen Pucelano así lo suscribe. Divertido y entrañable es uno de esos tipos que hace sentirse bien a toda la gente que le conoce o que lo rodea. Siempre anda con una sonrisa quitándole hierro a todo, ¿no es de extrañar después de los líos en que se mete este muchacho?

A día de hoy lleva 64 días remando en solitario rumbo a Hawái, partió del puerto de San francisco y se encuentra a punto (si las fuerzas del mar se lo permiten) en un mes conseguir su increíble objetivo: Cruzar el pacifico.

La embarcación que se ha hecho construir, no es como una tabla de SUP normal,  es un prototipo que le han hecho para poder permitirle realizar, tal hazaña. La parte de delante tiene cierta forma de supositorio. Esto es un mini camarote, donde apenas cabe. Le sirve para dormir, refugiarse, cocinar, potabilizar el agua y dispone del equipo tecnológico necesario para estar en contacto a diario con el mundo. Cada día emite sus crónicas desde su facebook. @Antonio de la Rosa, os lo recomiendo.

Magallanes tardó 100 días en cruzar el pacifico tras atravesar el temible estrecho que lleva su nombre, en la junta de los dos océanos rugientes. Partieron de ahí hacia las Islas Molucas. Con muy pocos alimentos, 19 murieron de hambre, el resto famélicos llegaron a comer serrín. Metían sus cinturones de cuero en agua de mar para ablandarlo y luego los partían en trozos, cocinándose lo último que les quedaba. Pero tras esa centena de días arribaron a las Filipinas, donde les esperaba el paraíso, las especias y su propia vida. Fue Enrique su esclavo Moluqueño quien fue la primera persona en dar la vuelta completa al mundo, literalmente, condenado al ostracismo.

Y cien días más o menos es lo que le llevará a Antonio cruzar el mismo Océano, esperemos que Antonio no se tenga que cocinar sus propias sandalias. Ambos se merecen mis respetos como aventureros. Uno fue navegante hasta lo desconocido y el otro, la proeza de estar solo a miles de kilómetros de cualquier lugar. Si pensamos que solamente los astronautas se sienten más desolados que él, podemos alcanzar el nivel de aislamiento sometido. En su infinito palear solo una línea en el horizonte, mucho que pensar, mucho que remar. Pero sigue y sigue el navegante erguido en busca del lugar más cercano para poder beberse de un trago, una cerveza bien fría, Sé que ese es tu verdadero y objetivo, Antonio, Aquí te esperamos de regreso pronto.        Un abrazo.

 

Zapa Toni  Kalahari